Derecho Y Literatura ["Somos lo que leemos, somos lo que escribimos"]

HA SIDO EL BECARIO

“Aleluya”, LORENZO SILVA
(Campus, Suplemento de EL MUNDO, miércoles 12 de noviembre de 2008, número 530)

Circula por muchas facultades de este país una teoría según la cual los universitarios españoles de hoy, como consecuencia inexorable de su deficiente formación previa, su actitud hacia el conocimiento centrada en la superación mecánica de las asignaturas y una visión de futuro en la que prevalece el pragmatismo inmediato, resultan ser por completo refractarios a cualquier propuesta cultural que se salga del marco estricto del programa académico. No vamos a negar que la formación que han recibido muchos de nuestros universitarios deja bastante que desear en cuanto al estímulo de sus inquietudes culturales. También está claro que para muchos de ellos el aprendizaje consiste en la ingesta de una lista tasada de contenidos regurgitables -aunque esto no es nuevo, ni fruto sólo de la actitud del que aprende, sino también de la estrategia del que enseña-. Y resulta evidente que esta sociedad en la que se nos invita a medir cualquier esfuerzo personal en función de su rentabilidad a corto plazo produce también su impregnación en el ánimo y el talante de quienes se encuentran cursando sus estudios superiores. Pero hay algo en la teoría que no es verdad: la suma de estos tres factores no da lugar al invariable desinterés de los universitarios por las propuestas que tratan de ampliar el horizonte de sus pesquisas y afanes. Es más: los que no aceptan esta idea preconcebida y luchan contra ella con tesón pueden llegar a propiciar una realidad felizmente contraria. Y no es que me lo hayan contado. Lo he visto.

El milagro, para otros inalcanzable, lo han logrado en la facultad de Derecho de la Universidad de Valencia. Allí, un equipo compacto de profesores jóvenes y animosos, entre los que uno siente palpitar la más saludable y diversa curiosidad intelectual -no se puede transmitir lo que no se tiene-, ha logrado inculcar a sus discípulos la convicción de que un jurista no se hace sólo y exclusivamente a fuerza de aprenderse leyes y memorizar códigos. Entre otras cosas, se han atrevido a desafiar su estupor proponiéndoles como parte de las asignaturas de Derecho del Trabajo o de Filosofía del Derecho la lectura voluntaria de novelas contemporáneas, con las que ilustrar y mover a una reflexión personal sobre las instituciones y los conceptos propios de esas materias. Y los alumnos, puedo dar fe de ello, han respondido al desafío de una forma espectacular. Frente a las aulas tristes y despobladas con que uno puede encontrarse en las actividades culturales organizadas por otras facultades, en la de Derecho de Valencia llenan a reventar y hasta tienen que habilitar sistemas de videoconferencia para incorporar aulas suplementarias. Y nadie acude obligado o a rastras. Simplemente, se trata de gente joven a la que sus profesores han enseñado a disfrutar razonando y buscando nuevos ángulos a las cuestiones.

Viéndolos, a uno que pasó por una facultad de Derecho mucho más aburrida y angosta se lo come la envidia. Sana, por supuesto

Aleluya:

http://www.elmundo.es/suplementos/campus/2008/527/1226444408.html


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